Que tu alimento sea tu medicina. Que tu medicina sea tu alimento.

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jueves, 2 de agosto de 2012

LAS ETIQUETAS DE LOS ALIMENTOS


El otro día leí en la revista Saber Vivir, un artículo de María T. López, Farmacéutica técnica en nutrición y dietética. Me pareció tan interesante, que voy a resumirlo aquí.



“¿Sabes en realidad todo lo que ingieres cada vez que comes un producto envasado? Si lo piensas, llegarás a la conclusión de que la respuesta es no. Incluso aunque seas de los que repasa las etiquetas antes de llevarse un producto a casa porque te preocupas de que tu dieta esté libre de grasas malas o demasiados azúcares.

Todo apunta a que, antes de lo que pensamos, “barreremos” con nuestros teléfonos móviles sobre el código de barras de cualquier producto envasado para poder leer en la pantalla una amplia y detallada explicación de lo que cada alimento contiene, pero por el momento debemos investigar nosotros.

Atención a estos términos:

“Light”: todos los productos que pertenecen a esta categoría contienen un 30% menos de calorías que su versión “normal”. Esta disminución calórica se consigue reduciendo o bien sustituyendo alguno de sus componentes (por ejemplo, se cambian los azúcares por distintos tipos de edulcorante).

“Bajo valor energético”: hace referencia a las calorías contenidas en cada alimento. Sólo puede figurar en aquellos productos que aportan menos de 40 Kcal por cada 100 g o bien menos de 20 Kcal cada 100 ml.

“Sin valor energético”: siempre menos de 4 Kcal por cada 100 ml o cada 100 g.

TIPOS DE GRASAS QUE CONTIENEN LOS PRODUCTOS ALIMENTICIOS:

Antes las etiquetas sólo tenían que informar sobre si eran de origen animal o vegetal, sin especificar su procedencia exacta. En cambio hoy sí es obligatorio hacerlo, sobre todo porque, en contra de lo que la gente pueda pensar, no todas las grasas vegetales son buenas.

Lo es la del aceite de oliva. En cuanto a las grasas de maíz o de girasol, otras de las más utilizadas, ambas suelen hidrogenarse (se les añade hidrógeno) para elaborar muchos de los productos que las llevan. Estas son las grasas “trans”, mucho más dañinas para la salud, sobre todo la cardiovascular, que las grasas saturadas.

“Bajo en grasas”: el alimento aporta, como máximo, 3 g de grasa por cada 100 g o 1,5 g. cada 100 ml.

“Sin materia grasa”: puede llegar hasta un 0,5% de materia grasas por cada 100 g o ml.

UN ERROR BASTANTE COMÚN: Los alimentos cuyo envase anuncia que “son bajos en grasas” aportan también pocas calorías. El error está en creer que un alimento light es por definición bajo en grasas, cuando no siempre ocurre así. Un buen ejemplo: la margarina light tiene 40 g de grasa por cada 100 g, más de 10 veces por encima de la que debe aportar cualquier producto para que, según la legislación, pueda ser considerado bajo en grasas.

“Sin azúcar añadido”: no se ha añadido ningún azúcar, pero esto no quiere decir que no la contuviese (y a veces mucha) previamente.

“Bajo contenido en azúcar”: hasta 5 g de azúcar por cada 100g o en 100 ml.

“Sin azúcar”: hasta 0,5 g de azúcar por cada 100 g o por cada 100 ml”.

Otro día os hablaré de los famosos “E”, para que tengáis una lista y saber los productos que deberíais descartar de inmediato.

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